¡Que tengas un feliz día nuevo!

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Hoy, 31 de diciembre, Gonzalo seguía andando por la misma calle de siempre. Misma dirección, mismo destino. “Ni si quiera hoy tengo el día libre”, pensaba. Las calles seguían intactas, con algún que otro adorno navideño, pero con un calor sofocante que recordaba más a la época de verano.

En el cine Luxe que hacía esquina con su oficina, ahí estaba, la cartelera asfixiada con la nueva película de Star Wars. Él ya la había visto el día que se estrenó, comprando la entrada casi un mes antes. Increíble. Casi lo entendía menos que la cola inmensa que se formaba en el Primark de la Gran Vía para entrar a comprar. A comprar. Sí, ropa.

La película no le decepcionó, pero fue mucho peor que las expectativas que habían generado en él la publicidad lanzada por doquier. Que salga Han Solo otra vez le hacía gracia. Pero, que le matasen después… (¡Uy, perdón por el spoiler!).

De repente, sonó el móvil. Era ella, lo sabía. Estaba confuso, ¿qué debía hacer? Pensaba que su mente ya había acabado con esto hace mucho tiempo, pero no. Ayer volvió a caer. ¿Cómo se lo iba a contar a Julia? Ella no lo entendería.

Llevaba con Julia 10 años. La universidad es una época muy bonita para enamorarse, ¿por qué no de ella? Era divertida, atractiva, siempre estaba sonriendo… Con los años sigue siendo igual, pero él la empezó a ver diferente. Entonces contrataron a Nora. ¡En qué momento!

Nora estaba de prácticas en su empresa. Era una chica bastante normal físicamente (Julia estaba mucho mejor), pero tenía gestos que a Gonzalo le causaban mucha ternura (sí, ternura). Además, siempre le hacía reír y no dejaba de moverse de un sitio a otro, con un nuevo plan en mente. Eso era lo que más le gustaba. Le hacía sentir joven, vivo.

“Venga, lo voy a coger”, se dijo a sí mismo.

– Hola, ¿qué tal, Nora?
– Hola Gonzalo. Muy bien, sólo quería felicitarte el año, que hoy me he cogido el día libre. Espero que disfrutes mucho esta noche con tu familia y que no te atragantes con las uvas, jeje.
– Ah… Sí, feliz año para ti también. Sí… que lo disfrutes y eso…
– ¡Gracias! Nos vemos el año que viene. ¡Ciao!
– Sí, adiós… Adiós…

Y colgó. En serio, ¿sólo quería felicitarle el año? Gonzalo no entendía nada. Ayer habían estado tan bien en la oficina, se habían reído tanto, habían hablado de tantas cosas de la vida… Yo que le observaba desde la sexta planta le notaba triste, apagado. No era el mismo de ayer, y probablemente no sería el mismo que mañana. (Mañana, ¡año nuevo!)

¿Quizá importaba qué día del año fuese? ¿Va a ser mejor mañana? No, amigo, no. Te levantarás peor que hoy, pues estarás con la resaca de la fiesta de esta noche. Y lo sabes.

Así que te propongo algo, Gonzalo: quédate en la cama, no te quites el pijama y ponte una película que merezca la pena de verdad. Ya tendrás tiempo el día 2 de pensar en tus propósitos para año nuevo, si es que pretendes cambiar algo de tu vida…

¡Feliz día nuevo!

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