¿Fue el cine de Buñuel la única vanguardia española?

Luis Buñuel, director con una carrera brillante, comenzó pisando fuerte  con su cortometraje Le chien andalou (Un perro andaluz, 1929), que firma junto a Salvador Dalí.

Esta película contribuye a implantar el surrealismo en todos los ámbitos (no sólo en el fílmico), con recreación de procesos activos en la mente que suscitan imágenes que no existen en la realidad. Es más, se dice que la creación de algunas secuencias venía motivada por visualizar en pantalla los sueños del director, como fue el corte del ojo.

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Pero, ¿se puede decir que fue el cine de Buñuel la única vanguardia española? Para contestar a esta pregunta, se debe de partir primero del concepto de vanguardia. ¿Qué es? Es un movimiento que configura nuevas formas que surgen en un campo cultural determinado, con intención de transformar las convenciones impuestas previamente por otras que se creen más adecuadas al contexto social.

Sabemos que en Europa ha habido diferentes vanguardias cinematográficas, muchas de ellas relacionadas con el mundo del arte plástico, como fueron el expresionismo alemán, el mencionado surrealismo o el cine soviético, entre otros. Pero, ¿qué ocurre en España?

Podríamos decir que El sexto sentido (1929), de Nemesio Sobrevila constituye el inicio de una corriente “maldita” que reflexiona sobre el cine y la mirada, que será buen ejemplo para la obra de Iván Zulueta, Arrebato (1980), o para el mismo Víctor Erice que destaca con El espíritu de la colmena (1973). No obstante, Sobrevila no consideraba su filme parte de una vanguardia, sino que lo definió como “película de retaguardia“, pero tenía toques transgresores en sus “líneas”: imaginaba la cámara como el sexto sentido de la humanidad, el ojo extrahumano capaz de traernos la verdad. Además, se acercaba al pensamiento filosófico de Ortega y Gasset, con la deshumanización del arte.

En el caso de Arrebato, se estrena en el contexto de la movida madrileña. Cuenta con una trama fantasiosa, enfermiza y paranormal, donde encontramos a unos personajes aislados de la sociedad que viven, en los bajos mundos de la perversa realidad de su mente.

Zulueta experimenta con el cine, buscando su esencia (como le ocurre a su personaje Pedro), para lo cual mezcla formatos de rodaje, formas circulares dentro de la historia, utiliza el montaje fragmentado… En lo visual, juega con el tempo del movimiento; y, en la temática, realiza mezclas de género de terror y drama, utilizando un narrador omnisciente con miradas directas a la cámara.

Además de cine, este director se acerca al mundo del advertising, realizando carteles para las películas de Pedro Almodóvar, caracterizadas por el estilo “kitsch” predominante en el PopArt (vanguardia en la que introduciríamos a Zulueta).

Por otro lado, tenemos la Escuela de Barcelona, que surge en la década de los sesenta como movimiento cinematográfico que pretende remover esta industria, reflejo de lo que hicieron en su día el “Free cinema”, la “Nouvelle vague” o el “Dogma 95”.

Su principal influencia fue el movimiento francés (forzado también por la presión franquista), aunque tuvo más bien un referente directo a no imitar y al que contraponerse: su coetáneo cine español, centralista (se hacía desde Madrid), el futuro Nuevo Cine Español.

Aunque el grupo se comprendía de muchos cineastas, me gustaría destacar a Joaquín Jordá (Monos como Becky), José María Nunes (Res pública) y Carlos Durán (Cada vez que…estoy enamorada creo que es para siempre).

Las leyes a destacar que impusieron contra el cine imperante fueron (entre otras):
1. Autofinanciación y sistema cooperativo de producción
2. Carácter experimental
3. Personajes y situaciones ajenos al cine de Madrid
4. Utilización de actores no profesionales
5. Producción realizada de espaldas a la distribución
6. Salvo excepciones, los realizadores no tenían formación académica ni profesional

Del Nuevo Cine Español mencionado anteriormente, destaca Carlos Saura, muy valorado en el extranjero y al que algunos consideran también como origen de una vanguardia. Comienza con Los Golfos en 1959, aunque desarrollará su carrera más importante posteriormente. Entrará de lleno en esta nueva corriente con su película La Caza, premiada en el festival de Berlín. Es un cine de disidencia política, muy crítico a la par que sutil en sus ejecuciones de planteamientos, vigilado con mil ojos por una censura franquista imprevisible, exigente y arbitraria.

Podríamos hablar de muchos más casos que van surgiendo en la actualidad, pero, con los mencionados, tenemos una muestra significativa de que el cine de vanguardia español sí existe. Existe más allá de Buñuel y de las fronteras extranjeras.

Por otro lado, es cierto que en nuestra historia hemos pecado de un cine de pandereta en ciertas ocasiones, pero no todo ha sido así. Hay películas muy buenas y directores que merecen un reconocimiento.

Creo que se ha desaprovechado mucho el potencial de los grandes artistas que ha habido y hay, pues se podría haber creado una gran tejido industrial cinematográfico (y también, por consiguiente, aumentar sus antagónicas vanguardias), porque la calidad así lo requería. Pero nunca hemos sabido hacerlo. Y, queramos o no, eso va a dejar una huella permanente en nuestra historia, porque siempre acabamos viendo con malos ojos lo que es “más comercial” y rechazamos lo “independiente”. Nos falta mucho valor para arriesgarnos más y, si lo hiciésemos, tanto cine como creadores como público, ganaríamos.

Y, lo más importante, si no lo valoramos nosotros… ¿Quién lo va a hacer?

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