Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo

Se define como maravilla a un suceso o cosa extraordinaria que causa admiración.

Durante la época helenística, los helenos reunieron en un listado las siete obras de aquel entonces que consideraban debían ser visitadas al menos una vez en la vida y contempladas para el deleite del ojo humano. Esta lista constaba de siete obras de arte de los campos de la arquitectura y la escultura, casi todas ellas situadas en territorios cercanos al Mediterráneo. Sin embargo, según transcurría el tiempo, se añadían o quitaban otras obras, como por ejemplo durante la Edad Media. Aquí el primer testimonio que se tiene de un listado de las maravillas del mundo lo recoge Gregorio Nacianceno en su libro De septem mundi espectaculi, o en el escrito De septem mundi miraculis del monje benedictino Beda el Venerable, quien excluía las pirámides de Egipto. La lista definitiva se instauró en el siglo XV y vino de la mano del pintor neerlandés Maarten van Heemskerck, quien realizó siete cuadros divulgados también por estampas en los que plasmaba su visión de cómo podrían haber sido estas siete grandes obras.

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Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, Maarteen van Heemskerck, s. XV

El Coloso de Rodas

Tras la muerte de Alejandro Magno en el 323 a.C., su imperio despertaba muchas ambiciones y se veía envuelto en un futuro incierto que originó una guerra interna entre tres de sus generales: Antígono, Demetrio y Ptolomeo. Los dos primeros intentaron invadir Rodas, una isla griega muy cercana a Egipto y muy ambiciada por su situación estratégica y comercial. Sin embargo, Rodas decidió apoyar a Ptolomeo, quien finalmente triunfó en la guerra. De esta forma, se decidió erigir una estatua en conmemoración de esa victoria.

La estatua representaba a Helios, el dios Sol y patrón de la isla, y tenía unas dimensiones de 110 metros de altura más los 15 metros de la base de mármol sobre la que se sustentaba. Su autor, el escultor Cares de Lindos, tardó doce años en realizarla junto con sus obreros. Al parecer sujetaba en una de sus manos una antorcha y en la otra una lanza, dando la bienvenida a la isla desde el puerto. Por desgracia, la estatua sólo logró estar en pie unos 60 años, ya que en el 224 a.C. la isla sufrió un terrible terremoto que derribó la colosal obra.

Además, el coloso se ha visto reflejado en diferentes aspectos de la cultura popular. Desde aparecer en películas o videojuegos, hasta ser fuente de inspiración para obras literarias como Canción de Hielo y Fuego (para los más despistados a.k.a. Juego de Tronos). Al parecer, el ficticio Titán de Braavos sería una comparación con la verdadera obra de la antigüedad.

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Reconstrucción ficticia del Coloso de Rodas
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El Titán de Braavos en un fotograma de Juego de Tronos

Los Jardines Colgantes de Babilonia

El sacerdote babilonio Beroso fue el primer autor en citar estos hermosos jardines sobre los que tantas teorías se han escrito. Hacia el año 290 a.C., el clérigo atribuyó esta obra al monarca babilonio Nabucodonosor II como un regalo y una demostración de amor a su esposa Amyitis, y fecha su realización en el siglo VI a.C. No obstante, esta es la única maravilla que no se ha conseguido ubicar de forma precisa hasta el momento. Debido a la falta de información sobre los jardines, algunos autores han dudado hasta de si realmente existieron en su momento, por lo que algunos consideran que se trata de una historia romántica que se fue divulgando a partir de los griegos y los romanos.

Sin embargo, una nueva teoría ha aparecido de la mano de la investigadora británica Stephanie Dalley, quien afirma que pudo haberse malinterpretado la situación y el origen de los jardines, por lo que no fueron mandados construir por Nabucodonosor, sino por sus enemigos más próximos, los asirios, bajo el mandato de Senaquerib. Para saber más podéis leer este artículo.

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Representación idealizada de los jardines por Maarten van Heemskerck, s. XVI

La Estatua de Zeus en Olimpia

Hacia el 465 a.C., se construyó en la ciudad-estado de Olimpia un templo consagrado al dios Zeus. El edificio, convertido en centro de culto, albergó la mayor estatua construida en honor al dios griego. Su autor fue Fidias -quien también realizó la Atenea del Partenón-, y fue terminada en el año 435 a.C. Realizada con materiales muy costosos y apreciados, como el marfil, el oro y la madera de ébano, tenía 40 metros de altura y logró sobrevivir a más de 800 años de historia. Ya en el 450 d.C. fue transportada a Constantinopla, donde permaneció intacta hasta su destrucción a causa del incendio que se originó 12 años después.

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Estatua de Zeus en el templo de Olimpia, grabado de Johann Bernhard Fischer von Erlach

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El Mausoleo de Halicarnaso

Esta gran obra funeraria estuvo situada en lo que hoy se conoce como Bodrum, una región turca que se hizo famosa por este mausoleo. Erigido entre los años 353 y 350 a.C., fue construido para el sátrapa persa Mausolo y su mujer y hermana Artemisia II de Caria. En él se vieron implicados varios artistas del momento que destacaban por su gran labor en el territorio arquitectónico-escultórico. Por un lado, la estructura fue diseñada por Sátiro y Pythius de Priene, mientras que los relieves escultóricos fueron diseñados por Leocares, Escopas, Timoteo y Briaxis. Todo ello fue levantado en una colina con vistas a la ciudad de Halicarnaso, a unos 45 metros de altura. La construcción fue tan relevante que, a día de hoy, el nombre de Mausolo se sigue utilizando para referirnos a grandes y suntuosas construcciones funerarias: mausoleo.

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La Gran Pirámide de Guiza

También conocida como la Gran Pirámide de Keops -aunque, personalmente, también incluiría la de Kefrén y Micerinos-, es la única de estas siete maravillas que hoy en día se conservan en pie. Aunque ha perdido el brillo que le daban los más de 20.000 bloques de piedra caliza que tenía en un principio, sigue atrayendo la atención de millones de personas fascinadas por sus dimensiones. En origen medía casi 150 metros de altura, aunque con el paso del tiempo ha perdido casi 15 metros. Levantada durante la cuarta dinastía del Antiguo Egipto -en torno al año 2570 a.C.-, se cree que su construcción fue comandada por el primer magistrado (o chaty) del faraón Keops, el arquitecto Hemiunu.

Por otra parte, muchas han sido las teorías acerca de cómo se ha podido construir una estructura tan inmensa. Sí, desde el temita de los alienígenas o por la presencia de alguna civilización desconocida -se llegó a hablar de atlantes-, hasta las grandes obras de ingeniería de las que hablaron especialistas, comenzando desde el pensador e historiador griego de la antigüedad Heródoto.

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Antoine-Yves Goguet, Interpretación de la maquinaria descrita por Heródoto, 1820

Faro de Alejandría

Con una altura de casi 140 metros, fue construido durante el reinado de Ptolomeo entre los años 280 y 247 a.C. Su arquitecto fue Sóstrato de Cnido, y fue una estructura primordial a la hora de señalizar para los navegantes la situación de la ciudad de Faro, en Alejandría, ya que el lugar era de terreno muy llano y de poca visibilidad. Su existencia duró bastante tiempo, alrededor de mil años, pero los terremotos del siglo XIV lo dañaron severamente hasta el punto de derribarlo. Los pocos restos que quedaron fueron utilizados en el siglo XV para construir un fuerte por orden del sultán egipcio Qaitbey.

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Interpretación del Faro de Alejandría por Fischer von Erlach

El Templo de Ártemis en Éfeso

Tras conquistar la ciudad de Éfeso (Asia Menor, actual Turquía) en el 560 a.C., el rey Creso de Lidia mandó construir un templo consagrado a la diosa Ártemis, la deidad por excelencia de la zona, venerada desde la fundación de la ciudad en el siglo X a.C. Este gran monumento fue uno de los edificios de más grandes dimensiones y siempre estuvo en todos los listados de Maravillas del Mundo. Es célebre la cita de Antípatro de Sidón en el siglo II a.C.:

La muralla accesible a los carros de la rocosa Babilonia y el Zeus de Alfeo (en Olimpia) he contemplado; y los Jardines Colgantes (de Babilonia) y el Coloso del Sol (en Rodas); y el descomunal trabajo de las altas pirámides (en Gizeh, Egipto) y la extraordinaria tumba de Mausolo (en Halicarnaso); pero cuando vi la mansión de Ártemis alzándose hasta las nubes, aquéllas palidecieron y me dije: ”Mira, aparte del Olimpo, el Sol no ha contemplado nada parecido”.

La estructura fue obra del arquitecto Quersifonte de Cnosos, y su testimonio continuado por Demetrio y Peonio, ya que murió sin verlo finalizado. Años más tarde, Plinio el Viejo determinó las dimensiones del templo: 115 metros de altura por 55 metros de ancho, todos ellos repartidos entre 127 columnas de orden jónico. El edificio se encontraba en un entorno natural, rodeado de jardines que hacían referencia a Ártemis como diosa de la Naturaleza, y un altar precedía al santuario, lugar de sacrificios oficiados por sacerdotes. Por desgracia, el templo no logró existir durante mucho tiempo, ya que en el año 356 a.C. fue arrasado por un incendio provocado por un loco llamado Heróstrato, quien confesó haber sido el causante de tal despropósito. Al parecer quería ser recordado como el destructor de uno de los edificios más famosos y admirados del momento.

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Los únicos vestigios que quedan del templo en la actualidad

Budas de Bāmiyān

Lo sé, ya hemos incluido siete maravillas y esta, concretamente, no pertenece a la Antigüedad, sino que ya se levantaron entre los siglos V o VI d.C., pero es que merece la pena nombrarlos, más que nada, porque fueron unas colosales esculturas que llegaron a nuestros días pero, por actos tan viles como los de los talibanes, ya no los tenemos.

Estas estatuas dedicadas a Buda fueron de las más grandes erigidas en honor al sabio hindú. Situadas en plena Ruta de la Seda, en el valle de Bāmiyān (Afganistán), estaban construidas con una mezcla de barro y paja que luego se recubrió con estuco. Con una altura de 60 y 40 metros respectivamente, fueron incluidas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. No obstante, al ser consideradas ídolos -por tanto, contrario al Corán-, el gobierno talibán decidió destruirlas con dinamita en 2001.

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Izq: Buda de Bamiyan; Dcha: después de la destrucción por los talibanes

Todos estos crueles actos de destrucción de símbolos de la historia debería hacernos replantear adónde estamos llegando con todo ello, ¿no creéis? Es cierto que algunos de los monumentos fueron destruidos por causas naturales, pero que la UNESCO tenga un listado de los monumentos en peligro de extinción (la mayoría por causas humanas) indica el grado de estupidez y violencia en el que estamos sumidos. Ya vivimos la destrucción hace tan solo unos meses de la que pudo ser una de las ciudades sirias más valiosas, Palmira, por parte de los salvajes del DAESH.

 

 

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