La chaqueta daliniana

Recientemente ha sido noticia, como cada año, la sonada reunión de personalidades del mundo de la moda y el espectáculo que se congregan en la Gala del Met. A saber, un conjunto de celebridades que, sacando la artillería del armario, compiten por un puesto en el ranking de los atuendos más estrafalarios.

De esto era gran experto Dalí, que lo mismo salía del metro de París paseando a un oso hormiguero que al día siguiente se ataviaba con una americana de lo más rocambolesca. Todo un influencer de los años 70 que con su peculiar mascota, puso de moda tener a este animal en el entorno doméstico como signo de distinción entre la alta sociedad parisina.

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En este alarde de poder de persuasión entre la población, el comercial Dalí se hizo un hueco en la publicidad. No solo es el creador del logo de Chupa Chups sino que su propia imagen le sirvió para comercializar diversos productos. Para el anuncio de los chocolates Lanvin, el pintor comía una barrita  de chocolatina y súbitamente, en un éxtasis de placer, los bigotes sufrían una suerte de erección hiperglucémica situándose  izados en el entorno del rostro.

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En el caso del spot para las pastillas Alka – Sletzer, medicamento para paliar molestias estomacales (y la resaca), Dalí trazaba una línea sobre el cuerpo de una modelo. El recorrido empezaba recto desde la garganta y al llegar al vientre, aquello se convertía en una maraña de distintos colores y brochazos. Lo que es un mal tránsito, vaya. Muy ilustrativo.

Y finalmente, aunando moda, publicidad y arte, tenemos la antes mencionada como chaqueta rocambolesca. En palabras del artista, esta pieza ya de museo, se denomina como chaqueta afrodisíaca y fue creada expresamente para el anuncio de Pippermint.  La americana en cuestión estaba decorada con vasitos cosidos llenos de la bebida de menta solidificada y acompañada de una pajita. Dalí decía que guardaba un gran cariño por la prenda y que se la ponía “únicamente en momentos de gran compromiso sentimental”. Puede ser una gran aliada para ir a un cóctel en el que no confías mucho en la barra libre, así te aseguras la melopea en monodosis.

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La locura, genialidad, teatralidad y espectáculo en Dalí fue tan infinita como su bigote, ése al que untaba en miel para que las moscas se posaran.

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