Lisboa, la inesperada

Aprovechando que hoy comienzan en Lisboa, en el barrio de Alfama, las fiestas de San Antonio, una fiesta muy popular en la que se disfruta de música, bailes, vino y sardinas, os vengo a contar como fue mi viaje a Lisboa.

El pasado 28 de Abril estaba viajando a Lisboa por primera vez, iba con muy buenas reseñas. Las personas que habían estado allí decían que era preciosa y además contaba con la opinión de una residente allí durante bastante tiempo. Pero pese a esto, mis expectativas no estaban muy altas, luego descubrí que esto se debía a lo desconocida que era aquella ciudad.

Para mi sorpresa, me encontré con una ciudad bellísima llena de magia. Y sin duda, que fuese inesperada fue lo que le hizo ser más encantadora aún. Me enfadé muchísimo al descubrir lo poco que conocemos de aquella ciudad, siendo tan “vecina” nuestra, y me enfadé más aún al descubrir que durante mis años de universidad, estudiando Historia del Arte, Lisboa había pasado desapercibida totalmente.

Estuve en Lisboa 3 días enteros, lo bueno de los viajes cortos es que te dejan con ganas de más y tienes que volver si o si. Durante estos 3 días disfrutamos de muchas cosas, quizás de las más esenciales y las que no lo eran tanto, ya que perderse por las calles desconocidas de Lisboa, donde no hay turistas y por donde no es típico ir, es algo genial. Y seguro que nos quedaron muchas cosas de las que disfrutar, pero esa es la excusa perfecta para volver.

Dejábamos el que iba a ser un fin de semana frío en Madrid para llegar a un fin de semana en Lisboa donde el sol reinaba y así lo notábamos al bajar del avión.

La cosa empezaba bien.

Nuestra primera parada fue el lugar donde nos íbamos a hospedar durante nuestra estancia en Lisboa, este era el hostal Lavra Guest House que es muy recomendable por el buen trato al cliente y las buenas instalaciones. Antes de llegar al hostal tuvimos que subir unas cuestas que nos anticiparon que Lisboa iba a ser una ciudad recordada por el dolor de las agujetas que seguro íbamos a sentir el lunes de vuelta a Madrid. Pese a ello, merecía la pena subir aquellas calles porque la recompensa era enorme.

Tras dejar nuestro equipaje pusimos rumbo a la Avenida da Liberdade, para llegar más tarde a la Praça dos Restaurdores, en la cual toda la atención la acaparaba el gran obelisco situado en el centro de la plaza, que conmemora la liberación del país del dominio español en 1640. Tras esta primera parada, continuamos caminando por las calles de Lisboa hasta llegar al Mirador del Jardín de São Pedro de Alcântara. Para mí esta fue la primera gran sorpresa, las vistas desde este mirador eran alucinantes y el “buen rollo” que se respiraba allí era impresionante. Decidimos parar y para reponer energías, disfrutamos de unas vistas espectaculares, bebiendo una sangría riquísima y escuchando a unos artistas callejeros que cantaban de lujo.

La magia estaba comenzando.

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Continuamos visitando La Igreja de São Roque, la cual pasa desapercibida por su exterior que es muy sencillo pero el interior es un verdadero tesoro de arte manierista y barroco. Justo al lado se encuentra una de las cosas más maravillosas que he visto nunca, Las Ruinas de la antigua iglesia del Convento de Santa María del Carmen (Convento Do Carmo). Yo allí me sentía Harry Potter jajaja. Junto a las ruinas estaba el Museo del Convento Do Carmo que entre otras cosas guarda una biblioteca magnifica y dos momias que daban autentico miedo. Tras esto disfrutamos de otras maravillosas vistas de esta ciudad desde el Elevador de Santa Justa. Continuamos haciendo nuestra última parada de la mañana en la Praça Do Comercio, donde nos encontramos con el famoso puente 25 de abril sobre el río Tajo.

Después de toda esta mañana nos merecíamos un buen descanso, así que paramos a comer en un restaurante donde la comida estaba deliciosa y el trato fue espectacular, el Restaurante Tabuaria Dô Paço.

La tarde del primer día la comenzamos viendo la Casa Dos Bicos en el Barrio de Alfama, perdiéndonos por las calles llegamos al Miradouro de Santa Lucia, que es precioso. Después, fuimos a un sitio mágico, al Castelo de San Jorge.

Lo de los miradores en Lisboa es impresionante y a cual más bonito, por si no habíamos tenido suficiente hasta el momento, decidimos añadir uno más y continuamos con el Mirador de las Portas Do Sol.  Y como no podía ser de otra manera y después del cansancio que genera ver esta bonita ciudad, terminamos el día montando en uno de los famosos tranvías.

Ese día nos fuimos a dormir con el maravilloso sabor que deja lo inesperado.

Amanecía en Lisboa un 29 de Abril cuando pusimos rumbo a Sintra, pero antes y de camino al tren que nos llevaría a esta bonita villa portuguesa, vimos el exterior de la Igreja de São Domingos y el monumento en honor a los judíos asesinados en la masacre de 1506.

Ahora sí, pusimos rumbo a Sintra y allí yo me sentí como en un cuento. Empezamos viendo el exterior del Palacio Nacional, luego continuamos viendo el exterior e interior del Palacio Da Pena y el Palacio dos Mouros. Decidimos bajar de los palacios a pie y por una ruta en mitad de la naturaleza, fue la mejor decisión que tomamos. Tras terminar aquella ruta preciosa, necesitábamos reponer fuerzas y dimos con un pequeño restaurante que pasaba desapercibido. Casa das minas fue uno de los mayores descubrimientos para mí en Lisboa, allí se respiraba tranquilidad y paz. Una leve música de fondo, naturaleza y lienzos nos acompañaron en aquella comida. Aquella tarde, acabamos el día en Sintra visitando La Quinta da Regaleira donde se encuentra un famoso pozo iniciático.

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Y llegó el último día y decidimos ir a pasarlo al Barrio de Belém. La primera parada fue el desayuno donde probamos los famosos Pasteis de Belém, seguimos con el Monasterio dos Jerónimos, el Museu Coleçao Berardo de arte moderno y contemporáneo, el Monumento de los Descubrimientos y por último la torre de Belém. El día y nuestro viaje lo terminamos visitando el Parque de las Naciones y la Expo del 98.

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Siempre he pensado que lo inesperado es lo que le da magia a la vida, así que estar 3 días en Lisboa fue increíble.

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