ANA LDR. UNA FOTOGRAFÍA LLENA DE BUENAS E INMENSAS CUALIDADES

De todas las entrevistas que he realizado hasta ahora en Al, sin duda esta es una de las que más ilusión me hace, y es que gracias a la protagonista de hoy estoy yo por aquí de vez en cuando. Creo que antes de dar paso al verano y de cerrar esta gran temporada que hemos tenido, en la que hemos conocido a grandes artistas, esta entrevista tenía que darse. No nos podíamos ir sin incluir en nuestra lista de artistas a esta maravillosa fotógrafa. Ha costado y mucho, ya que cada vez que se lo proponíamos, Ana se hacía la despistada jajaja y es que es una persona muy humilde, le gusta pasar desapercibida, en definitiva prefiere estar siempre detrás de la cámara. Pero por fin ha llegado, así que os dejo con ella…

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Todo comenzó hace unos cuantos años con una cámara desechable que no se separaba de la pequeña Ana en ninguna de las excursiones del colegio y continuó en el instituto con una cámara digital que le regalaron para su cumpleaños.

“No sé exactamente cómo empecé, solo sé que yo era la pesada que siempre llevaba una cámara de fotos.”

El arte siempre ha estado presente de una manera u otra en la vida de esta gran fotógrafa. Sus padres siempre la llenaban las estanterías de libros de arte y la llevaban a ver museos e iglesias. Estudió hasta bachillerato sin saber qué hacer después. Una vez realizada la famosa selectividad, Ana no se decidía por ninguna carrera así que comenzó un módulo de Imagen, y es aquí donde comenzó a dar clases de fotografía analógica y digital, iluminación de espacios escénicos, cine y televisión. Afirma que comenzó aquel módulo sin saber lo que era la fotografía y salió descubriendo lo que se llama “la fotografía artística” o como Ana prefiere llamarlo “la expresión artística de la fotografía.” Por esta razón decidió después realizar un máster de fotografía artística y conceptual y allí descubrió que no tenía mucha idea de lo que verdaderamente era el arte, así que se lanzó a estudiar la carrera de Historia del Arte. Tras los cuatro años de carrera, Ana descubrió que no quería ser artista y que su verdadera vocación era ayudar a los que si querían serlo, por ello actualmente se encuentra estudiando un máster de Gestión Cultural.

 “He mamado el arte desde pequeña.”

Que Ana, no quiera ser artista no significa que no lo sea, por eso insistí en hacerle esta entrevista. Según la RAE un artista es aquella persona que está dotada de la capacidad o habilidad necesarias para alguna de las bellas artes, y Ana está dotada de una habilidad especial para hacer una fotografía maravillosa. En sus fotografías podemos encontrar sobre todo arquitectura y espacios pero sí hay algo que la entusiasma fotografiar son los “no-lugares”.

Me gusta fotografiar lo que se llama los no-lugares. En Yokorobu lo definen como “un lugar cuyo uso principal es el tránsito y donde la comunicación entre las personas es artificial o incluso inexistente” Me fascina fotografiar esos sitios cotidianos, que no aportan nada al día a día pero que tienen un encanto. Me gusta encontrar una perspectiva diferente, con una iluminación especial. Lo que Cartier- Bresson llamaba el instante decisivo, pero de lo cotidiano y lo que nadie se para a ver.

 

Dentro de la gama cromática, disfruta fotografiando espacios donde el blanco sea predominante y además le gusta descontextualizar los objetos, sacarlos de su entorno común y destacar su presencia.

 

Ana no hace nada especial para inspirarse a la hora de hacer fotografía. Aún que la música y salir de la monotonía (estar de vacaciones o relajada le ayuda mucho a la hora de hacer fotos) son dos posibles fuentes de inspiración para su trabajo.

No me gusta eso de “salir a hacer fotos”. Si veo algo que me gusta saco el móvil y le hago una foto.

Eso sí, afirma, que tiene épocas en las que hace más fotografías pero no se debe a una inspiración si no que se debe a su estado emocional. Es como si la fotografía le sirviese de terapia.

 “Depende mucho de mi estado emocional, cuando hay algo que me atormenta no paro de hacer fotos que me ayuden a sacar lo que tengo dentro, como si viera en el exterior mi pensamiento abstracto y le diera un significado. A todo esto ayuda mucho la música también, cuando estoy escuchando una canción que me remueve y veo algo, se me hace un nudo en el estómago, saco el móvil, encuadro, y cuando le estoy dando al botón es como si vomitara todo lo que llevo dentro. Pero a la vez es raro, porque esa foto la veo y me la guardo. Es como un proceso catártico de ida y vuelta: saco la idea de mi cerebro y la vuelvo a meter, ya con una forma y un significado.”

No es habitual en Ana hacer un proceso previo de investigación para la realización de sus fotografías, pero sí es cierto que se pasa muchas horas de su vida visualizando imágenes y esto le ayuda a definir su propio estilo visual. Tampoco es habitual encontrar series dentro de sus trabajos pero todas tienen algo en común y es que en ninguna aparece una persona y si la hay siempre es anónima. Además sus fotografías podrían ser una serie continua, que siempre se basa en atardeceres, amaneceres, arquitecturas, espacios vacios, no-lugares, paisajes inmensos y en el agua.

 

El agua es un elemento básico para mí. Siempre he vivido al lado del mar y lo echo muchísimo en falta, por eso siempre que veo el mar, un río o incluso una piscina, necesito capturarlo, es como si me apropiara de ello y me lo quedara para mi.

 

En cuanto al tipo de cámara que utiliza, lo tiene claro: su móvil es su gran aliado. Como hemos dicho antes, Ana sobre todo fotografía lo cotidiano y en lo cotidiano lo que siempre nos acompaña hoy en día es él móvil. También hace uso de su cámara réflex que es la que utiliza solo para encargos y trabajos especializados, y la más especial de todas es sin duda una cámara analógica que con cariño guarda, ya que era la que utilizaba su abuelo. Esta es una cámara alemana, una Voigtländer de 35mm y es la que más utiliza en sus viajes. Ya decía yo que de algún sitio tenía que venir esa habilidad de la maravillosa Ana, ¡qué importante son los abuelos!

Para el día a día, solo uso el móvil. Para el tipo de fotografías que hago tampoco necesito más. No soy muy purista en ese sentido, para expresar sentimientos cualquier formato es bueno.

Como ya hemos mencionado antes, hacer fotografía para Ana es hacer terapia pero además es expresar unos sentimientos y dar forma a sus pensamientos más profundos. Cuando tiene problemas, la fotografía es una vía de escape que le ayuda a salir adelante y además utiliza la fotografía cuando siente añoranza.

En algunos casos, hacer fotografías me ayuda a salir adelante, y como intento hacer caso a la norma de Mies van der Rohe: “menos es más”, mi cerebro empieza a desechar lo que no es importante y me quedo con lo que sí lo es, que al final es lo que acabo fotografiando en formas abstractas que solo yo entiendo. También me he dado cuenta que hago fotografías echando de menos un sentimiento de pertenencia que no tengo por haber vivido en tantos lugares. Cuando veo algo que me recuerda a un sitio donde he vivido le hago una foto. Por ejemplo, he vivido en Elche y en Valencia, y las palmeras son un elemento muy importante para mí. O cuando voy al pueblo de mi padre, Tudela, me hincho a hacer fotos del desierto (las Bardenas), de la verdura o los edificios bajos del casco antiguo.

 

Ana utiliza Instagram, no como una red social, si no que lo usa como un diario personal, donde se cuenta a ella misma como está a través de todas sus fotografías.

Con el tiempo, me meto en Instagram, repaso las fotos con sus títulos, y veo cómo iba evolucionando en una crisis, por ejemplo, y cómo al final vi la salida.

Esta artista ha trabajado como fotógrafa en una joyería, en el Restaurante Desengaño 13 e incluso en un dentista. Actualmente no vive solo de sus trabajos como fotógrafa pero sí realiza encargos. Para no perder la pista a esta maravillosa artista os dejo su página y para que la conozcáis más a ella y a su trabajo os animo a que visitéis su blog , su Instagram y su Twitter. 

“Hago fotos para darme forma”

Conozco a Ana desde hace ya seis años, para mí fue un placer compartir con ella los años de carrera, no solo por la amistad que se forjó entre ambas con el tiempo, si no porque Ana me ha enseñado y me ha ayudado muchísimo. Además de que es una mujer valiente, sentimental, emprendedora, luchadora, sensible pero fuerte, humilde y sobre todo muy muy inteligente. Y todas estas cualidades se ven reflejadas en sus fotografías, capturas llenas de sentimiento, llenas de pureza y de verdad. Por todo ello me quedo perpleja cuando Ana dice no considerarse ser una artista. Así que, querida amiga déjame decirte que lo eres de los pies a la cabeza, pasando por ese gran corazón y déjame decirte ¡Créetelo!

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